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Formación en latinoamérica: “Acompañar: ¿cómo y por qué?”

Formación AIC: una iniciativa latinoamericana para formar asesores laicos al acompañamiento de los grupos de voluntarias AIC.

Del 19 al 21 de marzo 2018, 64 personas (46 voluntarias AIC, 13 Hijas de la Caridad y 5 Padres de la Congregación de la Misión) llegados de 18 países diferentes, tuvieron ocasión de participar en un Seminario de formación AIC sobre el tema “Acompañar: ¿cómo y por qué ?” en Cochabamba (Bolivia).

Esta iniciativa nació al constatar la constante disminución del número de asesores religiosos (Padres y Hermanas) y de la convicción de que era esencial encontrar nuevos caminos para asegurar el acompañamiento de los grupos locales de voluntarias AIC.

Frente a esta realidad, el equipo de coordinación de América latina quiso poder ofrecer a las voluntarias de este continente la posibilidad de formarse para guiar a los grupos de manera integral, según la espiritualidad vicenciana, favoreciendo la creación de comunidades fraternas entre voluntarias, con miras a ofrecer un servicio mejor a las personas más desfavorecidas.

Específicamente, este Seminario perseguía un triple objetivo:

  • Despertar la conciencia de la necesidad de contar con asesores laicos para acompañar espiritualmente a los grupos.
  • Proporcionar los instrumentos básicos para el acompañamiento de los grupos, tomando por modelo a Cristo, a San Vicente y Santa Luisa y a algunas grandes figuras de la Biblia como Moisés y Ruth.
  • Generar un proceso de formación sistemática para reforzar el trabajo de los asesores laicos durante los próximos tres años.

Según la unánime opinión de los participantes, este seminario fue una maravillosa experiencia de vida, de fe y de compartir. Naturalmente, en apenas tres días, únicamente pudieron contemplarse algunos aspectos de la formación al acompañamiento.  Sin embargo, la competencia, y sobre todo el carisma profundamente vicenciano de los oradores, junto a la participación activa de cada participante dentro de un espíritu de franca comunión fraterna, insuflaron en muchos participantes el deseo de comprometerse en esta misión de acompañamiento; y a cada cual un nuevo entusiasmo y una renovada esperanza para proseguir la misión que nos fue encomendada por San Vicente   en favor de nuestros hermanos y hermanas menos favorecidos.

Como bien decía una de las participantes: “retornamos no sólo con nuevos conocimientos; retornamos también y sobre todo enriquecidos y fortalecidos gracias a una experiencia humana inolvidable que nos ha transformado a fondo”.

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