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Documento para Facilitar la Aplicación de las Líneas Programáticas.


Por Patricia P. de Nava / Marina Costa

El pensamiento de la AIC ha evolucionado constantemente para adaptarse a los signos de los tiempos. Ha conservado siempre un hilo conductor, en íntima relación con los primeros lineamientos que Vicente de Paúl formuló en su época.

A partir de la reestructuración mundial de la AIC en 1971, se han dado siempre orientaciones para ayudar a las voluntarias a trabajar de manera más acorde con las necesidades de los pobres. Desde esta fecha, en las Asambleas Internacionales de Delegadas, se elaboraron proyectos regionales, que tenían entre otros objetivos favorecer una cierta unidad de las voluntarias de una misma región, en torno a problemas específicos que afectan la vida de los excluidos. A partir de Asís, en 1990, se decidió sustituir los proyectos regionales por líneas programáticas, aplicables al ámbito internacional, que sirvieran como criterios válidos de acción a las voluntarias de las más diversas culturas

En la Asamblea de Querétaro, México, en 1998, examinamos y evaluamos nuestra misión en el mundo. Constatamos que aunque mucho se había hecho en el camino de renovación de la asociación, aún queda mucho por hacer. Por esto se decidió ir más allá en la realización de las líneas precedentes: formación, comunicación, solidaridad y autopromoción. Se hizo el compromiso de caminar hacia nuevas metas, de manera que la AIC pueda llegar a ser una presencia crítica y profética en la sociedad, un agente multiplicador de buenas noticias y una fuerza transformadora.

  • Ser presencia crítica y profética en la sociedad significa saber interpretar los signos de los tiempos, para dar a toda nuestra acción una participación social fuerte, además de los valores espirituales y religiosos que caracterizan el proyecto de San Vicente.
  • Ser agentes multiplicadores de buenas noticias significa comprometerse a multiplicar los mensajes de esperanza, de solidaridad y de paz, afirmando con valor los valores éticos en los que creemos y que deseamos difundir, para lograr una acción eficaz de sensibilización.
  • Actuar para ser una fuerza transformadora en el mundo de hoy significa emprender acciones que no dejen las cosas como están, sino que conduzcan a un verdadero cambio en la situación de los pobres y de la sociedad. Este es el compromiso que la AIC desea asumir en todas las etapas de su acción para llegar a ser una verdadera fuerza transformadora:en la asociación, frente a las pobrezas, en la sociedad.
En las líneas formuladas tanto en Asís, (Italia 1990), como en Antigua, (Guatemala 1994), las voluntarias teníamos la opción de privilegiar una u otra línea, aunque también existía una relación entre todas ellas. Las nuevas líneas, votadas en Querétaro (México 1998), nos llevan a emprender un proceso transformador global, que abarca los diferentes procesos de nuestra acción. Las líneas sé interrelacionan unas con otras y consideramos que no pueden aplicarse aisladamente.

No podemos pensar en transformar a la asociación a sus diferentes niveles, sin que esta transformación repercuta necesariamente en nuestro trabajo con los más pobres y se refleje en la transformación de sus vidas. De la misma manera, tampoco podemos pensar que esta transformación de la vida de los pobres sea posible, si no logramos promover cambios de fondo en la sociedad.

En numerosas ocasiones nos comprometemos en un proceso promocional y los sujetos del proceso se ven limitados por el entorno social. Muchas de las mujeres capacitadas en nuestros talleres aprenden oficios, para después verse impedidas para conseguir un trabajo justo y bien remunerado. En muchas ocasiones también, la corrupción impide el progreso de aquellos que han dado muchos de los pasos necesarios para lograr su autopromoción.

Podríamos citar muchos ejemplos más que nos llevan a concluir que al mismo tiempo que promover la autopromoción, debemos comprometernos a ser profetas, es decir, a dar testimonio, anunciar y denunciar. Es necesario proponer modelos y pautas de comportamiento acordes con la justicia y la dignidad, para ejercer un impacto real frente a las pobrezas. De la misma manera, la transformación de las pobrezas nos exige la transformación de la sociedad, que requiere que denunciemos todo lo que aparta a seres humanos y a la sociedad del proyecto, del plan de Dios. Las líneas, por lo tanto, son la resultante de una transformación personal, que nos mueve a hacer de esta transformación un valor. Las voluntarias AIC, a través de la formulación y aceptación de estas líneas, señalaron una firme convicción:

Sólo a través de un espíritu de pertenencia más firme a la asociación, de la experiencia de los pobres y del contacto con ellos y de la participación de toda la sociedad, podremos contribuir a la acción internacional para eliminar la pobreza.




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