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La historia de las “túnicas de la dignidad” en Pensilvania, EE. UU.


Karen (foto a la derecha) y las voluntarias de Pittsburgh

Hace más de 20 años, Karen Radu, una voluntaria de AIC Estados Unidos en Pittsburgh, Pensilvania, leyó la historia de Arlene, una mujer que confeccionaba “túnicas de la dignidad” para mujeres que se sometían a tratamientos de radioterapia contra el cáncer de mama. El objetivo de estas túnicas era ofrecer una alternativa a las batas de papel o tela que se distribuían en los hospitales a las pacientes con cáncer de mama. El diseño de Arlene permitía a las pacientes exponer solo ciertas partes de la parte superior del cuerpo durante los tratamientos de radioterapia, lo que les proporcionaba más dignidad y comodidad, de ahí el nombre de “túnicas de la dignidad”. Las pacientes también podían llevarse las túnicas a su casa y utilizarlos durante todo el tratamiento.

A Karen siempre le había gustado coser y pensó que le gustaría iniciar un proyecto similar en su barrio. Varios años después, se puso en contacto con Arlene, quien viajó a la parroquia de Karen para enseñarle a ella y a otras voluntarias cómo cortar y coser las túnicas. En 2009, Karen puso en marcha la fabricación de túnicas de la dignidad de la parroquia, que a lo largo de los años ha proporcionado miles de túnicas a los departamentos de radioterapia de los hospitales de la zona.

A lo largo de los años, muchas voluntarias de la AIC han sido diagnosticadas con cáncer de mama; y en 2018, durante su mamografía anual, Karen también fue diagnosticada. Afortunadamente, el cáncer se detectó a tiempo.

Nunca me lo esperé”, dijo Karen. “El cáncer de mama te deja realmente conmocionada”. Pero, añadió, “después de que me dieron el diagnóstico, sentí una gran calma”.

Karen recibió su propio tratamiento de radioterapia en octubre de 2018 y confeccionó cuatro túnicas especiales para cada semana del mes. Cuando tocó la campana que señalaba el final de su tratamiento, dejó las túnicas para otras personas. Una vez que se subió al coche para volver a casa, se dio cuenta de la magnitud de lo que le había pasado, fue su fe que le ayudó a darse cuenta de que “todo estaba bien”.

Karen sigue dirigiendo la confección de túnicas con su copresidenta Mary Frances Glausser. Las voluntarias se reúnen una vez al mes en la iglesia Santa Luisa de Marillac de Pittsburgh. Algunas recortan las túnicas, mientras que otros traen sus máquinas de coser y cosen. Otras se llevan algunas a casa para coserlas y luego las devuelven. Karen organiza por tallas las túnicas terminadas y las prepara para su entrega, las llevar a los hospitales o las envía por correo.

Las subvenciones de fundaciones sanitarias Magee y St Clair proporcionan el dinero para las telas, y por su parte, los comerciantes locales suelen donar telas y/o ofrecer grandes descuentos. Las túnicas se proporcionan de forma gratuita.

Las túnicas de la dignidad han sido recibidas con mucha gratitud por parte de las pacientes, que han apreciado la comodidad de tener su propia túnica, que les queda bien y les cubre bien. Algunas también han dicho que les reconfortan los colores vivos y los estampados de las túnicas, los cuales les hacían un poco más llevadero el difícil proceso de los tratamientos de radioterapia.

Fuentes

  • Ladies of Charity of the United States of America, “The Story of the ‘Dignity Robes’. A Devoted ‘MINISTRY’ of Karen Radu”, en LCUSA National Assembly Program, 2024.
  • Smith, P., “Dignity robes aid cancer patients”, en Pittsburgh Catholic, CLXX, 43, 9 de enero de 2015, https://www.jstor.org/stable/community.32162850.

Artículo enviado por: Suzanne Johnson

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